Venus de Hottentton: una africana humillada, esclavizada y deseada por sus enormes nalgas (FOTOS)

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Conoce el dramático caso de Sarah Baartman, una sudafricana que fue objeto de burlas e investigaciones científicas por su enorme trasero. La humillación que vivió es indignante.

Una vez escuché que la condenación de una mujer es su belleza, y cuando leo la historia de Sarah (Sara o Saartjie) Baartman entiendo el porqué de este dicho. Ella fue una sudafricana víctima de la colonización, lujuria y ambición del hombre blanco. Sarah perteneció a Los Khoikhoi, una tribu cuyas mujeres se caracterizaron por tener enormes nalgas. Esto lejos de ser un atributo, fue la causa de su muerte con tan solo 26 años.

Sarah es llamada por la historia como la Venus de Hottentton. Ella no es una leyenda, ni un mito, hay estudios científicos que confirman su dramática vida. Sarah nació en 1789, y pudo ser libre hasta 1810, cuando un grupo de esclavistas mató todos los hombres de su tribu, dejando a las mujeres y niños a su merced.

Las féminas de esta tribu padecían de esteatopigia, una condición que acumula grasa en los glúteos, ocasionando que esta parte del cuerpo sea extremadamente grande.

Pero de todas las africanas Khoikhoi, hubo una que llamó la atención: Sarah. Ella fue comprada por un médico británico, quien decidió llevarla a  Londres para ser expuesta como “espectáculo”.  Al ser una esclava, fue obligada a trabajar en un circo de rarezas en Piccadilly.

Presentada como la “Venus de Hottenton: la reina africana”, cientos de personas de todo el mundo la admiraron como un ‘fenómeno’ de la naturaleza, un monstruo. Expuesta a constantes insultos, burlas, Sarah tuvo que vivir con la humillación del público y el deseo de los científicos, quienes veían en ella un objeto para sus estudios.

Vivió cuatro años en Londres, y después fue trasladada a París donde siguió siendo admirada como una rareza de la humanidad, hasta que el público se aburrió de ella. Para poder sobrevivir, Sarah se prostituyó, pero su cuerpo se enfermó y murió a los 26 años  por culpa de una “enfermedad inflamatoria y eruptiva”, probablemente sífilis.

Ni la muerte la libró de la humillación

Tras su fallecimiento, el naturalista francés Georges Cuvier compró su cadáver. El doctor realizó un molde de yeso con su cuerpo y después la diseccionó, conservando su esqueleto, su cerebro y los atributos sexuales que la hicieron famosa, para ser expuestos en el Musée de l’Homme de París.

Y allí permaneció hasta el 2002, tras la solicitud de Nelson Mandela para su repatriación. Tanto la escultura de yeso, como los restos mortales, esto para darle una sepultura digna en la tierra que la vio nacer.

Cuéntanos, ¿qué te pareció la historia de Sarah Baartman?

Fuente: BBC Mundo / La Voz del Muro

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